Si tú me dices «lore»…

Si tú me dices «lore»…

De cómo algunas expresiones se ponen de moda sin necesidad y por figurar.

Los anglicismos me caen mal. Lo pondré en una taza cuando tenga mi propio merchandising.

          Ya veo el dedito acusador y el tono reprobatorio: «His iscrito mirchindaisin, his iscrito mirchindaisin». Pues claro. Algunos anglicismos son necesarios si no quieres quedar como un cronista decimonónico. «Balompié» tiene un pase, por clásico, pero ¿quién dice «mercadotecnia»? ¿O «con esta luz, tendré que hacer la foto con destello luminoso»?

          Ahora bien, hay palabras inglesas que tienen una correspondencia exacta en español. Sin ir más lejos, la omnipresente lore, que brota orgullosa en cualquier conversación sobre literatura, cine, series, juegos, cromos… Bocas llenas de lore: esto tiene lore, aquello no tiene lore, no te sabes el lore, lore por aquí, lore por allá…

          ¿Qué pasa, que antes la ciencia ficción no tenía lore? Cualquiera diría que vendían en El Corte Inglés un «Assassin’s Creed: Versión sin lore». ¿El señor de los anillos venía sin lore? Si, entre pitos y flautas, tardabas un año en leértelo todo… ¿Y los universos de Marvel y DC? No empezaban de cero en cada número: a veces el lore se les iba tanto de las manos que tenían que cepillarse a la mitad de los personajes en algún cataclismo multiversal. Marvel 1‍‌-‍Lore 0. ¿Asimov? «Bah, paso del lore». ¿George Lucas? «Darth Vader, uno que pasaba por allí». Tan deslorizado está que, medio siglo después, Disney sigue chupando del bote. Si hasta el Correcaminos tenía su lore, por Dios.

          Aunque podemos preguntar a la RAE o a la Fundéu, propongo, como primer paso, comprobar qué significa la palabra en su propio idioma. Según el Merriam-Webster, lore es «un conjunto particular de conocimientos o tradiciones», «algo que se aprende», «un conocimiento o creencia tradicional» o «el conocimiento adquirido mediante el estudio o la experiencia».

          Ajá. Lo que viene siendo el «acervo», que la RAE define como «conjunto de valores o bienes culturales acumulados por tradición o herencia» o como «haber que pertenece en común a varias personas».

          Los fanáticos del lore me dirán que «no es eso». Sin embargo, cuando preguntas qué entienden por lore, la respuesta suele comenzar con «todo lo que rodea a»: «todo lo que rodea a la trama», «todo lo que rodea a los personajes», «todo lo que sucedió antes», «o-sea-en-plan lo más amplio». Ya. El contexto. El trasfondo. El universo.

          No es cierto que esté todo inventado, no seamos retrógrados, pero tampoco nos dejemos engañar. El lore no define una característica nueva de la narrativa (sea cual sea el medio o formato), un atributo revolucionario e inaccesible para la generación X y toda esa pobre gente nacida antes, los boomers que usan puntuación en el WhatsApp y van por ahí con la cartilla del banco. No es que no nos enteremos: es que ya no llamamos al pan «pan» y al vino «vino».

 

  [Foto: El Coyote y el Correcaminos pertenecen a Warner Bros. La chapuza con la foto la he hecho yo con el Word y el Paint].

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