Andy Warhol y su madre tenían así como tres millones de gatos y todos, menos uno, se llamaban Sam.
Exagero: «solo» eran veintiséis. El resto es cierto: todos atendían por Sam, menos una gata llamada Hester. Vivían el cuarto de centenar de gatos y sus dos siervos humanos en un apartamentito de la calle 57 Este de Nueva York. Este detalle es muy conocido en el mundo del arte, ya que Warhol creó diecisiete litografías dedicadas a sus gatos. Faltan algunos, que quizás se negaron a posar o dijeron haber posado y no. Ya sabemos cómo son los michos: tiquismiquis, antojadizos, mandones…
Andy.— Sam, ven, te toca.
Sam 1.— Miau [Yo ya he posado].
Andy.— ¿Seguro? ¿No era tu primo Sam?
Sam 1.— Miau [Para nada, era yo].
Sam 2.— Miau [No has posado].
Sam 1.— Miau [Tú, chitón].
Sam 2.— ¡Miau! [¡Pues yo me chivo!].
Sam 3.— ¡Miau! ¡Miau! [¡Vamos a estar aquí haciendo el canelo todos menos tú!].
Sam 1.— ¡¡Miau!! ¡¡Miau!! [¡¡Esquiroles!! ¡¡Que os meto!!].
Andy.— Bueno, ¡basta ya! ¡Así no hay quien trabaje!
¿Y cómo es eso del multi-Sam? Quién sabe… A Warhol le gustaba experimentar con las repeticiones. Si hasta sus dos parejas más formales tenían hermanos gemelos… Claro, un genio excéntrico de este calibre descubre la litografía ¡y venga grabados de colores como churros!
En 1954, publicó dichas litografías en un libro infantil titulado 25 Cats Name Sam and One Blue Pussy (ojo al «name», que ahora volvemos). Este título se ha traducido como 25 gatos llamados Sam y una gatita azul, pero no busquéis la publicación en español: no existe. Es más, el original es dificilísimo de encontrar: solo se imprimieron 190 copias, muchas de las cuales acabaron en manos de amigos y colegas de Warhol.
Van todas numeraditas, algo que hace mucha ilusión a los coleccionistas —«¡Yo tengo la 12/190!», «¡Jopé, mi número es más alto!», etcétera—. Si os sobran unas perrillas (unas decenas de miles, más bien), podéis seguir las subastas de la galería Doyle en Nueva York, porque ahí han salido algunos de estos preciosos libros. Otra opción es buscar la edición facsímil, algo más asequible, publicada en 1987 por Panache Press (sello de Random House).
Y aquí viene una curiosidad relacionada con el mundo de la corrección. De los rótulos del libro se encargó la madre del artista, Julia Warhola. Los escribió a mano. Huelga decir que se hartó de escribir «Sam»… El caso es que, al plasmar el título del libro, quizás mareada ya la mujer, cometió una errata: habréis visto que dice «name» y no «named». ¡La errata es suya, no mía! Warhol decidió conservarla, porque así lo había escrito su madre. Me parece muy tierno.
¿Y si intentamos traducir el título manteniendo la confusión semántica? Se podría buscar el doble sentido, pero no suena bien: «25 gatos llaman Sam y una gatita azul», «25 gatos nombran Sam y una gatita azul», «25 gatos nombre Sam y una gatita azul»… Quizás sería mejor atenderse a la errata tipográfica, es decir, a la pérdida de una letra: «25 gatos llamads Sam y una gatita azul». Mmm, no…¡Ya lo tengo! ¡«25 gatos llamado Sam y una gatita azul»! Se llaman todos igual ¡porque son uno solo! ¡El gato del multiverso!
A todo esto, yo quería hablar del corrector del Word, pero me distraigo, me distraigo… El arte es apasionante. Pues bien, me hallaba traduciendo The Surrealist Menagerie, de Desmond Morris (en breve en el catálogo de Blume), cuando me encontré con esta historia de los mininos de Warhol. La frase era la siguiente: «Tenía veintiséis y todos menos uno se llamaban Sam». Sugerencia del «corrector»: «Todos menos uno se llamaba Sam».
En singular y sin pestañear. ¿Qué os decía en el artículo anterior? Que no os fieis del corrector del Word, que es más tonto que un zapato.
A no ser… Pero… no puede ser… A no ser… que su inteligencia sea tan sublime… que ha decidido, por sí mismo, seguir la escuela confusionista de Warhol y su madre… ¡Dios mío! ¡Ha adquirido conciencia de sí mismo!
FIN (DE LA CIVILIZACIÓN)
[Foto: © 2026 William Doyle Galleries, Inc.]