El «corrector» del Word

El «corrector» del Word

De los líos bien buenos que cierto corrector automático se hace con las palabras compuestas.

«Na, yo le paso el corrector del Word y ya está». A los correctores humanos nos golpean a menudo con esta frase o alguna de sus variantes (que consisten en sustituir el «na» por «buah», «puf» o el más moderno «meh»). A lo que yo respondo para mis adentros: «Claro que sí».

         Ahora podría comenzar este segundo párrafo con «y es que», pero odio esa expresión y hace años que me resisto a ella; me suena muy repipi, aunque reconozco que aquí encajaría muy bien. Mejor empezar directamente. «Titular», que decía mi jefe mirándome fijamente siempre que intentaba desgranarle una rueda de prensa.

          Titular: «No te fíes del corrector del Word». Mejor dicho: «No te fíes del “corrector” del Word». Falla más que una escopeta de feria, a veces porque no entiende el contexto (se lo compro) y, otras muchas, porque no se sabe la norma académica (no se lo compro). Si lo sacas del abecé, el Word no se sabe las normas ortográficas. Así, tal cual: tan sencillo y grave como eso.

         Probad a escribir una palabra con prefijo, qué sé yo, «superlerdo», y luego pasadle el corrector. Bueno, como es superlerdo, es posible que ni la reconozca si no la habéis usado antes. Para empezar, ya es preocupante que no reconozca el prefijo «super» y no sea capaz de identificar «super» por un lado y «lerdo» por el otro y, en consecuencia, determinar que «superlerdo» es una palabra correctamente formada y escrita. Y también le ocurre con «supergrande», «superexpresivo» y cualquier «super» que se os ocurra. Tanta IA para esto…

         ¡Qué no le sucederá entonces con palabras compuestas más complejas! Pienso en «fisiomitológica». Ojo, que esta palabra no la he inventado yo para molestar al Word: es el título de un collage dadaísta creado por Max Ernst y Hans Arp en 1920, cuyo título original es Physiomythologisches Diluvialbild (Fatagaga). Es alemán, que no cunda el pánico. Esta obra rarilla está en el Museo Sprengel de Hannover, por si os interesa alucinar en persona u online.

         No esperemos lógica en el arte dadaísta ni en el surrealista, y mucho menos en sus títulos. A menudo los elegían a mala leche, para que nadie los entendiera. Si no, ya me diréis a qué obedecen chaladuras como La gran rueda ortocromática que hace el amor a medida, también de Ernst, o Fluidosquéptrica de Rotswhita von Gandersheim, de Baargeld (a esta no le añado enlace, porque fue una obra efímera: era una pecera llena de un líquido rojo con una peluca flotando dentro… Lástima que se perdiera, ejem).

         En The Surrealist Menagerie, una maravilla que acabo de traducir para la editorial Blume, Desmond Morris explica que el más juguetón de todos era René Magritte: cada vez que terminaba un cuadro, convocaba a sus amigos y los invitaba a soltar los títulos menos acordes con la obra que se les pasaran por la cabeza. Veo a Magritte por la noche, con la lista en una mano y una copichuela en la otra, regodeándose con las ocurrencias de sus colegas (porque a estos habría que verlos también, claro…).

         Volviendo a la obra de Ernst y Arp, en catálogos y otras obras de referencia se ha traducido al español como Imagen diluvial fisiomitológica. Y ahora pasadle el corrector. ¿Tendrá ojos el Word? Porque yo me lo imagino bizqueando. Como era de esperar, se lía: sugiere «fisio mitológica» y añade, con toda desfachatez, «sin información de referencia», como si desconocer la norma eximiera de su cumplimiento. ¡Macho, si no vale para las multas de tráfico, tampoco vale para la corrección!

         Word no sabe que «fisiomitológica» es una palabra compuesta y que las palabras compuestas se escriben juntas y sin guion. De acuerdo, la norma no es tan sencilla, pero vamos a decir que las compuestas propiamente dichas se escriben juntas. La RAE lo explica con gran detalle en la Ortografía de la lengua española, concretamente en el apartado 2.1, titulado «La escritura de formas o expresiones complejas».

         Estos «compuestos propios» o «universales» se escriben juntos porque, a efectos prosódicos y morfológicos, se comportan como las palabras simples. ¿Y esto qué significa? En cuanto a la prosodia, la palabra compuesta posee un único acento léxico; en el caso que nos ocupa, se pronuncia [fisiomitológica] (¡si hasta tilde lleva!). En cuanto a la morfología, en estas palabras, los morfemas de género y número solo varían en el segmento final: en masculino plural, diremos «fisiomitológicos» y no «fisiosmitológicos», como tampoco diremos «fisiamitológica» en femenino singular.

         Todo esto a Word se le escapa: no sabe interpretar el problema consultando la Ortografía de la RAE, ni tampoco tirando de estudios, de experiencia profesional ¡o al menos de lógica!, porque de eso no tiene. Si tuviera, enfrentado a una palabra desconocida, por muy dadá que esta sea, iniciaría un proceso deductivo de este tipo: «Si “aguanieve”, “tiovivo”, “pelirrojo”, “socioeconómico” o “agridulce” se escriben juntos, en principio “fisiomitológica” también». No llega a tanto. No llega ni al principio.

         A lo mejor es que al corrector del Word no le gusta la gente absurda que se inventa palabras disparatadas para no decir nada. No es el único. En 1921, La Revue de l’Époque propuso resolver este problema por la vía expeditiva y preguntó a sus lectores: «¿Habría que fusilar a los dadaístas?».

         Y ya está.

 

[Foto: Imagen diluvial fisiomitológica (Fatagaga). Collage con fotografía, gouache, lápiz, plumilla y tinta sobre papel sobre cartón. Crédito: Michael Herling/Aline Gwose, Sprengel Museum Hannover © VG Bild-Kunst, Bonn 2021]

 

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