Allá por el 2011 o 2012, Cuatro estrenó Homeland, una serie tremenda sobre un soldado estadounidense rescatado tras un largo cautiverio en manos de los islamistas. Fue todo un fenómeno, porque la cadena decidió emitirla sin publicidad, al ritmo de un capítulo por semana y en un horario fijo y más estricto que un maestro de escuela. Lo del ritmo era uso y costumbre; lo de los anuncios y la puntualidad era revolucionario.
Ya nos tenían acostumbrados a tragarnos por narices el final del programa anterior, que podía durar tres minutos o dieciocho, y cuya temática jamás coincidía, ni por casualidad, con tu serie de cabecera. Preguntadme. Preguntadme por los finales de Médico de familia: me los vi todos esperando a Expediente X en Telecinco. Qué tostonazo, colega.
En parte gracias a su modelo de emisión, Homeland logró erigirse en serie de corrillos de oficina: era fácil verla, no acababa a las tantas y no perdías el hilo por culpa de Mimosín. Además, la intriga tenía chicha de la buena: el pelirrojo aquel estreñido, ¿era ya un pérfido terrorista o solo estaba traumatizado?
Fue en Homeland donde escuché por primera vez la expresión «coincido», obviamente, en la versión doblada. «I agree», decían en el original —detalle que he confirmado ahora, tantos años después, en la plataforma donde se emite—. No era una traducción habitual, pero encajaba a la perfección con la jerigonza de los espías. El «coincido» denota una opinión tajante: «Que conste aquí y ahora, ante el resto de la peña que decide entre bambalinas, que apoyo sin paliativos el desmán que vamos a perpetrar». Compro esta traducción con entusiasmo.
Un par de años más tarde, volví a encontrarme con el «coincido» en la formidable House of Cards. Lo usaban Frank y Claire Underwood siempre que desgranaban sus maquiavélicos planes, normalmente compartiendo un pitillo, sentados en el poyete de la ventana de la cocina. Quedaba muy bien: los Underwood, cómplices en el asalto al poder, eran una microsociedad secreta conspirativa con lenguaje propio. Vuelvo a comprar la traducción con entusiasmo.
Pero hasta ahí. No vale usarla ahora en cualquier contexto y a lo loco. Estás viendo cualquier chorrada de serie donde hablan del desayuno y los personajes ya no «están de acuerdo» en sacar los cereales o tostar el pan: «coinciden». «Hay que comprar leche», anuncia uno. «Coincido», le responden. «Llegamos tarde». «Coincido». «Este papel higiénico rasca». «Coincido». «Está lloviendo». «Coincido». «Hasta el gorro me tienes». «Coincido».
En la variedad está el gusto. ¿Qué ha sido del «de acuerdo», «vale», «me parece bien», «ya lo veo», «pues sí», «ya te digo»? Los protagonistas de las series hablan cada vez menos como las personas de carne y hueso.
Dice Spotify que, cuando te quedas sin conexión y se va la música, se hace el silencio, porque los amigos no saben de qué hablar. ¡Qué movida! Pues ahí os lanzo pregunta y debate: ¿vosotros decís «coincido» en la vida real?
[Foto: Aquellos buenos tiempos en los que Claire y Frank Underwood «coincidían» en algo. Fuente: Frank Underwood en X].